Capitulo 6: La despedida
-¿Qué debemos hacer?- Me puse de pie y fui a la ventana, quizás esa fuera la última vez que vea esa vista… Desde aquella ventana.
-Esperar…- Me senté en la cama, al igual que el.
-Creo que no nos veremos mas… ¿No?-
-Así dijo Dahlia… Seremos dos completos extraños- Quedamos en silencio.
-Ha sido raro, pero ya te siento como un amigo…- Sonreímos.
-¿Aun recuerdas todo?- Le pregunté
-¿De nosotros? Si, recuerdo todo desde que nos conocimos en el parque hasta ahora… ¿Crees que será lo ultimo que olvidaremos?-
-Supongo-
-Toma…- Fue al escritorio, saco la carpeta y sacó el dibujo de la abuela. -Creo que te pertenece, es tu abuela…- Y me entrego el retrato en mano.
Ver aquel retrato en blanco y negro me hacia sentir tranquilo feliz, y recordar las tardes de verano en casa de mi abuela Petunia, tomar te juntos, no cualquier té, los té que hacia ella, esos té en hebras. Recordaba ese gusto mucho más concentrado que el té común, recordaba ver su silueta entrando al living con la bandeja de plata limpia y reluciente como siempre, con dos tazas de té humeante, ella clásico, yo de ananá… Y una pequeña bandejita con las galletas caseras que siempre me preparaba cuando sabía que iba a ir.
-Que alegría que viniste Dean, te preparé unas galletas con chocolate, como a vos te gustan- Dejaba la bandeja en la mesa, y se sentaba con algo de dificultad en la silla, luego seguía hablando ella…
-Y Bien… ¿Cómo esta tu mamá? Hablamos el sábado y me dijo que andaba con problemas respiratorios, que cosa, yo siempre le dije de chiquita que se tiene que abrigar y ella no hacia caso, y ahora esta peor, que entra y sale de los quirófanos, hay mucha corrientes en los hospitales, las puertas siempre están abriéndose y cerrándose, uno tiene que estar bien abrigado por que si no le pasa lo que siempre le pasa a tu mamá, o termina en una bronquitis o en una neumonía, o dios me libre, en alguna otra cosa peor…- Y yo permanecía en silencio, de vez en cuando tomando un sorbo del té, me gustaba charlar con ella o solo escucharla, que hable de su época, que me cuente anécdotas de cuán tranquilo era el barrio en esos tiempos, de cómo era su juventud, que no existía la inseguridad, que dormían con las puertas abiertas, que uno podía andar a las cuatro de la mañana por la calle y no pasar ningún peligro, que me cuente las travesuras de mi mamá cuando era chica… O que simplemente hable de los programas de televisión, hablar con ella era lo mejor, era desenchufarse del mundo actual, para internarse en un mar de conversaciones transparentes…
La extrañaba, me hubiera gustado poder salir de ahí e irme a la casa de ella, tocarle timbre y que se sorprenda de verme, que se ría como era de costumbre, y que me haga pasar, así yo caía de sorpresa, la casa estaba impecable y ella siempre tan presentable, me hacia sentar y sin que yo le dijera nada, iba hacia la cocina a preparar el té, si hacia mucho calor, a veces me traía jugo de naranja con aquellas galletas…
Me hizo volver a la realidad…
-Me siento raro…- Dijo guardando la carpeta en el cajón.
-¿Raro como?-
-Por primera vez me siento como en casa…-
-Será mejor que me vaya yendo, no seria bueno que dentro de unos minutos me confundas con algún ladrón y me eches a patadas- Sonreímos… Sabíamos que en unos minutos no nos conoceríamos más.
-Espera… Vayamos al parque, y nos despedimos…-
-¿Te parece?-
-Si, si… Vamos, me va a hacer bien estar un rato en el parque…-
La noche era fría, una nieve débil comenzaba a caer, a la mañana el parque estaría blanco… Me gustaba esa vista.
-Bueno… Hasta aquí llegamos…-
-Supongo que si…- Nos dimos un abrazo y después un apretón de manos.
-Espero que el destino nos vuelva a juntar en algún momento, seriamos muy buenos amigos-
-Entre tu buena voz y mi música seriamos un buen dúo- Sonreímos por ultima vez, y nos separamos. Cada uno tomo su camino. En cuanto salí del parque y camine unos cuantos pasos olvidé por completo absolutamente todo.
-¿Qué debemos hacer?- Me puse de pie y fui a la ventana, quizás esa fuera la última vez que vea esa vista… Desde aquella ventana.
-Esperar…- Me senté en la cama, al igual que el.
-Creo que no nos veremos mas… ¿No?-
-Así dijo Dahlia… Seremos dos completos extraños- Quedamos en silencio.
-Ha sido raro, pero ya te siento como un amigo…- Sonreímos.
-¿Aun recuerdas todo?- Le pregunté
-¿De nosotros? Si, recuerdo todo desde que nos conocimos en el parque hasta ahora… ¿Crees que será lo ultimo que olvidaremos?-
-Supongo-
-Toma…- Fue al escritorio, saco la carpeta y sacó el dibujo de la abuela. -Creo que te pertenece, es tu abuela…- Y me entrego el retrato en mano.
Ver aquel retrato en blanco y negro me hacia sentir tranquilo feliz, y recordar las tardes de verano en casa de mi abuela Petunia, tomar te juntos, no cualquier té, los té que hacia ella, esos té en hebras. Recordaba ese gusto mucho más concentrado que el té común, recordaba ver su silueta entrando al living con la bandeja de plata limpia y reluciente como siempre, con dos tazas de té humeante, ella clásico, yo de ananá… Y una pequeña bandejita con las galletas caseras que siempre me preparaba cuando sabía que iba a ir.
-Que alegría que viniste Dean, te preparé unas galletas con chocolate, como a vos te gustan- Dejaba la bandeja en la mesa, y se sentaba con algo de dificultad en la silla, luego seguía hablando ella…
-Y Bien… ¿Cómo esta tu mamá? Hablamos el sábado y me dijo que andaba con problemas respiratorios, que cosa, yo siempre le dije de chiquita que se tiene que abrigar y ella no hacia caso, y ahora esta peor, que entra y sale de los quirófanos, hay mucha corrientes en los hospitales, las puertas siempre están abriéndose y cerrándose, uno tiene que estar bien abrigado por que si no le pasa lo que siempre le pasa a tu mamá, o termina en una bronquitis o en una neumonía, o dios me libre, en alguna otra cosa peor…- Y yo permanecía en silencio, de vez en cuando tomando un sorbo del té, me gustaba charlar con ella o solo escucharla, que hable de su época, que me cuente anécdotas de cuán tranquilo era el barrio en esos tiempos, de cómo era su juventud, que no existía la inseguridad, que dormían con las puertas abiertas, que uno podía andar a las cuatro de la mañana por la calle y no pasar ningún peligro, que me cuente las travesuras de mi mamá cuando era chica… O que simplemente hable de los programas de televisión, hablar con ella era lo mejor, era desenchufarse del mundo actual, para internarse en un mar de conversaciones transparentes…
La extrañaba, me hubiera gustado poder salir de ahí e irme a la casa de ella, tocarle timbre y que se sorprenda de verme, que se ría como era de costumbre, y que me haga pasar, así yo caía de sorpresa, la casa estaba impecable y ella siempre tan presentable, me hacia sentar y sin que yo le dijera nada, iba hacia la cocina a preparar el té, si hacia mucho calor, a veces me traía jugo de naranja con aquellas galletas…
Me hizo volver a la realidad…
-Me siento raro…- Dijo guardando la carpeta en el cajón.
-¿Raro como?-
-Por primera vez me siento como en casa…-
-Será mejor que me vaya yendo, no seria bueno que dentro de unos minutos me confundas con algún ladrón y me eches a patadas- Sonreímos… Sabíamos que en unos minutos no nos conoceríamos más.
-Espera… Vayamos al parque, y nos despedimos…-
-¿Te parece?-
-Si, si… Vamos, me va a hacer bien estar un rato en el parque…-
La noche era fría, una nieve débil comenzaba a caer, a la mañana el parque estaría blanco… Me gustaba esa vista.
-Bueno… Hasta aquí llegamos…-
-Supongo que si…- Nos dimos un abrazo y después un apretón de manos.
-Espero que el destino nos vuelva a juntar en algún momento, seriamos muy buenos amigos-
-Entre tu buena voz y mi música seriamos un buen dúo- Sonreímos por ultima vez, y nos separamos. Cada uno tomo su camino. En cuanto salí del parque y camine unos cuantos pasos olvidé por completo absolutamente todo.
