Nimber
Capítulo 2: La Infinidad

Abrí los ojos, y volví a estar en la misma sala con tantas puertas. No me sentía mareado, ni nada, me levanté como si hubiese dormido plácidamente una siesta. Vi que a la puerta 0 se le había borrado la cerradura, en el piso estaba la llave que había agarrado del sanatorio, no estaba tan oxidada… Fui a la puerta que estaba al lado de la puerta 0, decía “Puerta 234” y el cartel decía “Si no puedes contra ellos, únete”. Traté de meter la llave, pero no encajaba, al lado estaba “Puerta 23” y el cartel rezaba “A veces es mejor guardar silencio”, tampoco encajaba… traté con una puerta de enfrente, había una que era la número 560 “Contra la corriente”, pero tampoco encajaba. Entre en desesperación, y fui probando una por una las puertas, sin leer número ni frase, hasta que en un momento la llave entró en una. Me fijé el número, creo que soy curioso, era la número 1, y decía “Todo final tiene un principio”, giré la llave y entré.
Ahora lo que me cegó fue el sol, creo que una gota de transpiración mojó mi frente. Había mucho verde, reconocí la casa que tenía frente mío, donde yo nací… bueno, donde viví después de nacer… es una forma de decir. Era linda, grande, con un gran jardín. Al lado mío había un auto rojo oscuro, y bajó mi papá, la felicidad se le veía en la cara, abrió la puerta de atrás y salió mi mamá con un bebé hermoso, yo. Del asiento del acompañante salio mi abuela, que también estaba un poco mas joven.
Abuela:- ¡Ay pero qué linda casa!
Mamá:- ¿Te gusta?
Abuela:- Hermosa, Hermosa.
Papá sacó los bolsos del auto, lo cerró y comenzaron a subir las escaleritas de piedras que había hacia la casa. Se ve que mi abuela era la primera vez que venía a nuestra casa. Dejo los bolsos en el suelo, y buscó las llaves.
Papá:- ¿Las tenés vos las llaves Pau?
Mamá:- No, las tenías vos creo.
Papá:- A ver… (Dijo, buscando en uno de los bolsos) Bueno, no importa, agarro la de repuesto que está (Apunto para levantar una roca del suelo, pero se detuvo cuando mi mamá habló…)
Miré la llave en mi mano, resplandecía de lo limpia y nueva, no creía que podría, pero… lo hice. Dejé la llave en el suelo, y en ese momento.
Mamá:- Ahí está, se te habrá caído.
Papá tomó la llave del piso, y abrió, todos entraron y la puerta se cerró. Me quedé quieto por un segundo.
El: Si que era linda tu casa de antes eh…
Yo: Viste…
El: Es linda por fuera… tiene lindos pastos, lindos arbustos, linda pintura, y se ve que muy buena arquitectura…
Yo: Si… (No hablaba mucho. Sentía una sensación rara con esa casa…)
El: Allí al lado vivía tu-
Yo: Tío, el tío Mario. Siempre nos venía a visitar creo… o… -en ese momento, sentí que me había olvidado de muchas cosas, porque no me acordé de qué estaba hablando.
Fui hacia la piedra que mi papá iba a levantar, y saqué la llave de repuesto, quizás me serviría…
Yo: ¿Puedo entrar?
El: Acá manejas vos…
Estaba cerrado, abrí con la llave de repuesto y entré. Nadie se percató de mí. Mi abuela y mi mamá estaban en el sillón conmigo, y papá traía agua para mi mamá, que, creo, le había bajado la presión.
Abuela: Hay, pero por suerte el parto fue sin complicaciones mi amor…
Mamá: Si, la verdad que sí… pero hay que estar ocho horas ahí adentro… (Miró al bebé) valió la pena igual, (Sonriendo)
Abuela: Y, es el placer de ser madre. Me acuerdo cuando naciste vos, ¡Hay Dios! ¡Que parto! Naciste a las ocho de la mañana, con cincuenta minutos, nunca me lo voy a olvidar… me acuerdo cada detalle… tu padre me había llevado a la clínica un día anterior a la misma hora, el se estaba por ir a trabajar, y le dije “¡RAUL!” no tuve que explicarle nada, me miró, pasaron unos segundos, y enseguida me subió a la camioneta, y fuimos a la clínica… eras una bebé hermosa, como David… tenés los mismos ojos.
Mamá: Hay mamá…
Abuela: Si, si, vas a ver, va a ser igualito a vos. (Mi papá la miro sonriendo divertido) Bueno… y a vos también, espero que saque tu carácter, porque si saca el de la madre, ¡No hay quien la aguante!
Mamá: ¡Mamá! (Riendo)
Abuela: Y bueno querida… no sos ninguna santa…
En ese momento tocaron timbre, volví a marearme y a tener la misma sensación, caí sentado en el sillón al lado de mi abuela que le hacia mimitos al bebé, sentí una vez más que me moría lo último que vi fue mi cara de bebé sonriendo, y escuché que mi papá abría la puerta, muchas veces había sentido una sensación de angustia semejante… la oscuridad me invadió y escuché…
Papá: ¡Mario! ¡Pasa, Pasa!
Etiquetas: edit post