Capítulo 1. El Lugar
Creo que mi nombre es David, cuando me pasó esto, si mal no recuerdo, creo que tenía 18 años, o 21… no estoy seguro. Creo que era de noche, cuando me desperté y me sentí mas raro de lo normal. Cuando me despertaba siempre me sentía raro, como si yo no fuese yo. Esta vez, era real. Antes de seguir, quiero avisarle que es una historia difícil de comprender, y de creer. Pero yo creo que es real. Quizás mi mente la inventó, por eso ahora estoy en donde estoy, pero el desenlace no se entiende de ninguna manera. Creo que hay un tercero que me ayudó a estar acá. Pero no se. Esa noche, cuando me desperté sentí mi cuerpo diferente. Estaba todo oscuro. Y no estaba acostado en mi cama, donde, creo, fue donde me dormí. En cambio, estaba en el piso, con los brazos y piernas estirados. Me toqué la cabeza, me dolió mucho. Creo que nunca había sentido tanto dolor. En ese instante, los dolores de mi cuerpo fue como si se despertarán. Mis piernas y mi estomago se entumecieron, y sentí que me habían dado una paliza. Nunca me habían dado una, pero creo que se sentiría así. Traté de sentarme en el suelo, noté también como mi ropa no era la misma. No estaba con la ropa de dormir, estaba vestido, creo que de traje. Me toqué el estomago, no tenía heridas profundas, sentí algo en el bolsillo del saco, que por alguna razón estaba cerrado. Creo que era un encendedor, lo encendí y el fuego por un segundo me cegó, la oscuridad era profunda. Vi que mis manos estaban manchadas de sangre, trate de ver algo alrededor, pero nada se iluminaba, era un lugar grande supongo, comencé a caminar con pocas fuerzas, sentía que de a poco el cuerpo se iba recomponiendo. Llegue a una pared, era negra como la noche, y empecé a recorrerla hasta encontrar una puerta, estaba cerrada, la golpeé pero no cedía. Seguí recorriendo la pared, hasta que encontré un interruptor blanco y pulcro, lo encendí. No pasó nada, pero en unos segundos las luces comenzaron a prenderse. El encendedor se me cayó de las manos al ver lo grande que era el lugar. La luz me cegó, era demasiado blanca. Había tantas puertas, y el final de la sala no se podía divisar. Cuando la luz se encendió, creo que todos los dolores se fueron, y sólo quedó la sangre y las heridas, que con la luz prendida, pude ver lo grandes que eran. La puerta que estaba cerrada tenía un cartel, como todas las demás, pero ésta decía. “Del polvo vienes, al polvo volverás”. Tenía una cerradura, también blanca, a diferencia de la puerta (y creo, que todas las demás) que eran negras. Salvo una… creo que había una blanca. Pero esa venía mucho después, creo. Arriba de la puerta había un número: 0. miré alrededor, todas las puertas tenían un número arriba, y un cartel con una frase. Algo, no se qué, me llevaba a tratar de abrir la puerta 0, a querer atravesarla, a querer ver que había detrás de ella. Busqué en mis bolsillos del saco, no había nada, en los del pantalón tampoco, hasta que finalmente encontré en uno de los bolsillos traseros una llave oxidada. Dudé que sirviera para la puerta 0, pero entré. Una luz me cegó por completo.
Quiero hacer otra aclaración, a usted, los diálogos no los respeté, porque hay cosas que creo que él no me dijo, o que yo no le dije, o cosas que creo que yo le quería decir y no le dije. Asi que discúlpeme también.
El: Si, es un momento precioso en la vida de los hombres.
Escuché con una voz pacificadora, la luz dejó de cegarme, y me encontré de pie en un sanatorio, delante de mí había una puerta que decía “Sala de Partos”. Había mucha gente alrededor, que iba y venía, pero nadie parecía verme, en ese momento creí que estaba muerto, era un poco ingenio, ojalá lo hubiese estado…
El: Mira, ahí esta papá… Esta nervioso eh… no para de caminar de lado a lado…
Yo: ¿Quién sos?
El: No tengas miedo, no te voy a hacer nada…
No se porque no tuve miedo, y no quise preguntar mas nada. Ni porque estaba ahí, ni nada. Sólo quería saber donde estábamos…
Yo: ¿Dónde estamos?
El: En el Sanatorio del Sol… ¿No te acordás? Si, te acordás. Donde vos naciste…
Yo: ¿Yo nací acá?
El: Claro, estas naciendo en este momento.
Mire para la izquierda, estaba papá caminando de un lado a otro, su pelo estaba rubio, no tenía canas, su rostro carecía de arrugas, y se veía muy juvenil…
Yo: ¿Esa es la tía Sandra?
Dije mirando hacia una silla a una mujer que hablaba por Teléfono.
Sandra: (Al teléfono) No, todavía no sabemos nada… pero no hay complicaciones por lo que nos dijeron hace unas horas… (Espera) Si, si, quédate tranquila que yo te aviso, igual creo que tenemos para rato… (Espera) Si, si, no te hagas problema. (Impaciente) ¿Y los nenes ya se durmieron (Espera) Ah, bueno, bueno, que no tomen mucho helado que después les duelen los dientes… (Espera) Dale, dale, yo te llamo, un beso, chau chau. (Corta)
Papá: ¿Mucho más va a tardar?
Sandra: Tranquilízate, tranquilízate…
Yo: ¿Por qué papa no entró?
El: Sabes que le tiene pánico a la sangre, y todo eso… se hubiese desmayado.
Yo: Ah, es verdad… (Mire hacia la puerta) ¿Puedo entrar?
El: Si querés…
No lo pensé dos veces, abrí la puerta y entré. Había un pasillo, un poco largo, y varias puertas. Entre en una, ahí no era, en otra, tampoco, hasta que la tercera sí. Pude reconocer, entre gritos, médicos y sangre. A mi mamá. Era mucho mas joven de lo que podía recordarla, creo. Llegué justo cuando yo nacía. Creo que es una sensación que pocas personas pueden sentir. Sentí que volvía a nacer, aún en ese estado confuso... me vi a mi mismo, era muy chico, y muy flaquito, lloraba, y lloraba. Creo que nunca iba a parar de hacerlo. Vi que en la mesa de luz al lado de la cama, había una llave, no sé porqué, pero la tomé. En ese momento me mareé, vi que todo daba vueltas, los oídos me zumbaban, y sentía muchas ganas de vomitar, en ese momento caí en el suelo. Sólo escuche una frase, y luego la oscuridad volvió a evadirme, sentí que me moría.
Voz:- Felicitaciones, es un niño.
Creo que mi nombre es David, cuando me pasó esto, si mal no recuerdo, creo que tenía 18 años, o 21… no estoy seguro. Creo que era de noche, cuando me desperté y me sentí mas raro de lo normal. Cuando me despertaba siempre me sentía raro, como si yo no fuese yo. Esta vez, era real. Antes de seguir, quiero avisarle que es una historia difícil de comprender, y de creer. Pero yo creo que es real. Quizás mi mente la inventó, por eso ahora estoy en donde estoy, pero el desenlace no se entiende de ninguna manera. Creo que hay un tercero que me ayudó a estar acá. Pero no se. Esa noche, cuando me desperté sentí mi cuerpo diferente. Estaba todo oscuro. Y no estaba acostado en mi cama, donde, creo, fue donde me dormí. En cambio, estaba en el piso, con los brazos y piernas estirados. Me toqué la cabeza, me dolió mucho. Creo que nunca había sentido tanto dolor. En ese instante, los dolores de mi cuerpo fue como si se despertarán. Mis piernas y mi estomago se entumecieron, y sentí que me habían dado una paliza. Nunca me habían dado una, pero creo que se sentiría así. Traté de sentarme en el suelo, noté también como mi ropa no era la misma. No estaba con la ropa de dormir, estaba vestido, creo que de traje. Me toqué el estomago, no tenía heridas profundas, sentí algo en el bolsillo del saco, que por alguna razón estaba cerrado. Creo que era un encendedor, lo encendí y el fuego por un segundo me cegó, la oscuridad era profunda. Vi que mis manos estaban manchadas de sangre, trate de ver algo alrededor, pero nada se iluminaba, era un lugar grande supongo, comencé a caminar con pocas fuerzas, sentía que de a poco el cuerpo se iba recomponiendo. Llegue a una pared, era negra como la noche, y empecé a recorrerla hasta encontrar una puerta, estaba cerrada, la golpeé pero no cedía. Seguí recorriendo la pared, hasta que encontré un interruptor blanco y pulcro, lo encendí. No pasó nada, pero en unos segundos las luces comenzaron a prenderse. El encendedor se me cayó de las manos al ver lo grande que era el lugar. La luz me cegó, era demasiado blanca. Había tantas puertas, y el final de la sala no se podía divisar. Cuando la luz se encendió, creo que todos los dolores se fueron, y sólo quedó la sangre y las heridas, que con la luz prendida, pude ver lo grandes que eran. La puerta que estaba cerrada tenía un cartel, como todas las demás, pero ésta decía. “Del polvo vienes, al polvo volverás”. Tenía una cerradura, también blanca, a diferencia de la puerta (y creo, que todas las demás) que eran negras. Salvo una… creo que había una blanca. Pero esa venía mucho después, creo. Arriba de la puerta había un número: 0. miré alrededor, todas las puertas tenían un número arriba, y un cartel con una frase. Algo, no se qué, me llevaba a tratar de abrir la puerta 0, a querer atravesarla, a querer ver que había detrás de ella. Busqué en mis bolsillos del saco, no había nada, en los del pantalón tampoco, hasta que finalmente encontré en uno de los bolsillos traseros una llave oxidada. Dudé que sirviera para la puerta 0, pero entré. Una luz me cegó por completo.
Quiero hacer otra aclaración, a usted, los diálogos no los respeté, porque hay cosas que creo que él no me dijo, o que yo no le dije, o cosas que creo que yo le quería decir y no le dije. Asi que discúlpeme también.
El: Si, es un momento precioso en la vida de los hombres.
Escuché con una voz pacificadora, la luz dejó de cegarme, y me encontré de pie en un sanatorio, delante de mí había una puerta que decía “Sala de Partos”. Había mucha gente alrededor, que iba y venía, pero nadie parecía verme, en ese momento creí que estaba muerto, era un poco ingenio, ojalá lo hubiese estado…
El: Mira, ahí esta papá… Esta nervioso eh… no para de caminar de lado a lado…
Yo: ¿Quién sos?
El: No tengas miedo, no te voy a hacer nada…
No se porque no tuve miedo, y no quise preguntar mas nada. Ni porque estaba ahí, ni nada. Sólo quería saber donde estábamos…
Yo: ¿Dónde estamos?
El: En el Sanatorio del Sol… ¿No te acordás? Si, te acordás. Donde vos naciste…
Yo: ¿Yo nací acá?
El: Claro, estas naciendo en este momento.
Mire para la izquierda, estaba papá caminando de un lado a otro, su pelo estaba rubio, no tenía canas, su rostro carecía de arrugas, y se veía muy juvenil…
Yo: ¿Esa es la tía Sandra?
Dije mirando hacia una silla a una mujer que hablaba por Teléfono.
Sandra: (Al teléfono) No, todavía no sabemos nada… pero no hay complicaciones por lo que nos dijeron hace unas horas… (Espera) Si, si, quédate tranquila que yo te aviso, igual creo que tenemos para rato… (Espera) Si, si, no te hagas problema. (Impaciente) ¿Y los nenes ya se durmieron (Espera) Ah, bueno, bueno, que no tomen mucho helado que después les duelen los dientes… (Espera) Dale, dale, yo te llamo, un beso, chau chau. (Corta)
Papá: ¿Mucho más va a tardar?
Sandra: Tranquilízate, tranquilízate…
Yo: ¿Por qué papa no entró?
El: Sabes que le tiene pánico a la sangre, y todo eso… se hubiese desmayado.
Yo: Ah, es verdad… (Mire hacia la puerta) ¿Puedo entrar?
El: Si querés…
No lo pensé dos veces, abrí la puerta y entré. Había un pasillo, un poco largo, y varias puertas. Entre en una, ahí no era, en otra, tampoco, hasta que la tercera sí. Pude reconocer, entre gritos, médicos y sangre. A mi mamá. Era mucho mas joven de lo que podía recordarla, creo. Llegué justo cuando yo nacía. Creo que es una sensación que pocas personas pueden sentir. Sentí que volvía a nacer, aún en ese estado confuso... me vi a mi mismo, era muy chico, y muy flaquito, lloraba, y lloraba. Creo que nunca iba a parar de hacerlo. Vi que en la mesa de luz al lado de la cama, había una llave, no sé porqué, pero la tomé. En ese momento me mareé, vi que todo daba vueltas, los oídos me zumbaban, y sentía muchas ganas de vomitar, en ese momento caí en el suelo. Sólo escuche una frase, y luego la oscuridad volvió a evadirme, sentí que me moría.
Voz:- Felicitaciones, es un niño.
