Capítulo 4: La sala de Pozos.
Voz desconocida: ¡No puedes llamar a la policía!
Mamá: Oh, si, sí que puedo. Y lo sé, me dolerá por el resto de mi vida, pero lo tengo que hacer…
Papá: No lo hagas… Debes calmarte…
Mamá: ¡No! ¡No permitiré que sigas con esto! ¡No permitiré que sigas siendo un asesino! ¡Ya no quiero encubrirte!
En ese momento, mi mamá fue hacia el teléfono, lo tomó y cuando estaba por marcar, pude ver como la sombra de aquella voz se acercaba a mi madre y la arrojaba a un lado. Sentí un arrebato de atravesar la puerta de una vez, pero apenas toque el marco, salí despedido en el aire, y choque con la pared, sentí que perdía la conciencia, y me desmayé…
Minutos después, u horas, u días… Desperté. Lo que vi, me heló la sangre… Era mi cocina, aún veía las sombras, pero aparecían y desaparecían, las sartenes, la heladera, los muebles, los platos, aparecían y se desvanecían, parecía como una televisión que tiene mal la señal… Escuchaba todo distorsionado…
Abrí la puerta de aquella sala, mi reloj marcaba la una de la mañana con cuarenta minutos… dentro estaba todo apagado, o eso parecía… Caminé por un largo pasillo, y luego había dos puertas, una que decía “Sala de Control” y otra que decía “Sala Hipotética”, entré en la de control… Y allí había un médico, sentado en una consola con muchos botones, me vio, era el médico Renzos.
Renzos: ¡Uri! Menos mal que llegaste, necesito que cheques los historiales de las pulsaciones del paciente en los últimos meses…
Me confundió con otro, lo aproveché y asintí con la cabeza…
Yo: ¿Cómo va eso?
Hable tímidamente… Renzos me miró, pero como todo estaba demasiado oscuro, contestó.
Renzos: Bien, tuvo un pequeño olvido, pero ya volvió, presiento que en cualquier minuto va a darnos lo que necesitamos, y cuando ocurra… Pozos va a estar orgulloso de todo su equipo… Y por fin voy a poder ir a dormir una buena siesta a casa…
Renzos tomó una carpeta verde, y me la arrojó.
Renzos: Fíjate las P.P.M de los ultimos meses por favor… No quiero que le agarre un ataque cardíaco, o algo raro… Ya sabes, es algo nuevo, y no sabemos hasta donde repercute la memoria de un sujeto aún.
Yo: Claro…
Renzos: Dime desde Marzo…
Comencé a decírselos, uno por uno, y él solo asentía, y asentía… Delante de el había una pantalla, a oscuras… Cuando terminé de leerle todos, dijo.
Renzos: Bien, no hay nada de que temer…
Yo: ¿Cómo…? ¿Cómo puedes ver..?
Renzos: ¿Verlo? (Río) ¿Lo quieres ver? Bueno, Pozos no nos deja que prendamos mucho la luz, porque puede incidir En su mente, pero… (Pensó) Qué mas dá…
En ese instante tocó un botón, y se prendieron luces incandescentes al frente mío… Se veía una sala blanca, y una camilla… Con un muchacho en ella, con las manos y pies atadas, totalmente desnudo, varias heridas en su cuerpo, y su cara estaba irreconocible por las heridas. No tenía sangrado. Estaba pelado, y miles de cables se conectaban con su cabeza, otros con distintas partes de su cuerpo. Me tapé la boca, pero Renzos no lo notó…
Renzos: ¿Increíble verdad? Estuvimos mucho tiempo poniendo eso… Tuviste suerte de entrar a la mitad del experimento…
Voz desconocida: ¡No puedes llamar a la policía!
Mamá: Oh, si, sí que puedo. Y lo sé, me dolerá por el resto de mi vida, pero lo tengo que hacer…
Papá: No lo hagas… Debes calmarte…
Mamá: ¡No! ¡No permitiré que sigas con esto! ¡No permitiré que sigas siendo un asesino! ¡Ya no quiero encubrirte!
Volví a ver, distorsionadas, las mímicas por el fuego de mi madre, y aquella persona. Gritos, forcejeos, y un golpe seco. La sombra de aquella voz se quedó inmóvil… La sombra de mi madre se desvaneció… Pronto vi como mi padre se agachaba… y Decía…
Papá: La mataste… Está… Está Muerta…
Mientras estallaba en llanto y la abrazaba, o eso creía. Sentí una furia interior al verlo hacer eso, que entré en la sala inmediatamente, y me vi, parado detrás de mi padre, con el teléfono en mi mano y mi madre ensangrentada en el suelo, al golpearse la nuca con la mesa… Un dolor demasiado intenso atacó mi mente, y aparecí en la larga sala de pasillos con puertas blancas, numeradas y con frases… La desesperación me inundaba, ¿Qué había sido eso? ¿Yo? No, yo no había matado a mi madre, no podía ser… No… Traté de abrir todas las puertas, pero ninguna cedía. Llegué a la Cero de nuevo… No podía ser… Siempre avancé para delante… ¿La misma puerta dos veces? Tenía la cerradura, la trate de abrir, pero no pude.
El: Debes salir de aquí, de inmediato. No es bueno para ti…
Yo: Que… Que hago… ¡Que hago!
El: Huye, Huye, entra, entra.
La desesperación era tan intensa que me bloqueaba la mente.
Yo: ¿Adónde?
El: Sólo corre, corre sin parar… Hazlo si quieres salir de aquí, que no te alcancé…
Yo: ¿Qué no me alcance?
Pero mi pregunta fue contestada, en ese momento se escuchó un gran estruendo proveniente del fondo del pasillo, y comencé a ver algo que me lleno de pánico, veía fuego, agua, polvo, tierra, escombros, de todo. Puertas que volaban, explotaban, se desintegraban. Personas que corrían hacía mi, Mi madre, mi padre, Gabriel mi primo, mis tíos, mis mejores amigos, Santiago, Ramira, Fabricio, Fab, El cocinero de mi colegio, mi profesora de cuarto grado, mi profesor de la facultad, el bibliotecario de la biblioteca municipal, todos, absolutamente todos corrían hacía mí, en su cara se veía el terror, miedo, huían del fuego, el polvo, las explosiones. Corrían hacia mí con una velocidad que me aterrorizaba, pero pronto fueron desapareciendo por el fuego, o por los escombros que los mataba, y en ese momento sentí que era el momento justo para correr, luego de gritar fuertemente “¡No!”, me vi obligado a correr, cuando se acercaba todo cada vez mas. Corrí, y corrí, las puertas comenzaron a explotar a mi lado, el polvo comenzaba a empapar toda mi ropa, y apenas me dejaba ver. Por mi cabeza, cada vez que una puerta explotaba aparecían recuerdos que no sabían que existían, Mario que me abrazaba y me decía que todo iba a salir bien, Mi madre corriendo por una calle a oscuras, gritos, y llantos, Mis manos ensangrentadas y un cuerpo desconocido en el suelo, un antiguo viaje con Mario a la costa, ambos abrazados en la escollera mirando las olas romper, luego de eso sabía que nada sería igual y que la muerte llegaría hasta mí. ¿Me estaba muriendo? Pronto ví otro recuerdo, mi padre enfurecido conmigo, y dandome una bofetada, luego Mario entrando y deteniéndolo, que yo no tenía la culpa de lo que había sucedido… Pero no hablaban de mi madre, porque ella estaba sentada en el sillón llorando… Los pensamientos se mezclaron… Mario diciéndome que nos vayamos lejos, que seríamos felices en otro lugar… Luego una torta de cumpleaños, otro recuerdo yo saltando con mi pequeño sobrino Lucas por la nieve, era una linda noche, que se vio empapada por un chapuzón en una gran pileta en un soleado día de verano, sólo yo y Mario… No sentía mas fuerzas, y sentía que mi cabeza explotaba, me tropecé y en ese momento dije que era el final…
Voz desconocida: ¡No puedes llamar a la policía!
Mamá: Oh, si, sí que puedo. Y lo sé, me dolerá por el resto de mi vida, pero lo tengo que hacer…
Papá: No lo hagas… Debes calmarte…
Mamá: ¡No! ¡No permitiré que sigas con esto! ¡No permitiré que sigas siendo un asesino! ¡Ya no quiero encubrirte!
En ese momento, mi mamá fue hacia el teléfono, lo tomó y cuando estaba por marcar, pude ver como la sombra de aquella voz se acercaba a mi madre y la arrojaba a un lado. Sentí un arrebato de atravesar la puerta de una vez, pero apenas toque el marco, salí despedido en el aire, y choque con la pared, sentí que perdía la conciencia, y me desmayé…
Minutos después, u horas, u días… Desperté. Lo que vi, me heló la sangre… Era mi cocina, aún veía las sombras, pero aparecían y desaparecían, las sartenes, la heladera, los muebles, los platos, aparecían y se desvanecían, parecía como una televisión que tiene mal la señal… Escuchaba todo distorsionado…
Abrí la puerta de aquella sala, mi reloj marcaba la una de la mañana con cuarenta minutos… dentro estaba todo apagado, o eso parecía… Caminé por un largo pasillo, y luego había dos puertas, una que decía “Sala de Control” y otra que decía “Sala Hipotética”, entré en la de control… Y allí había un médico, sentado en una consola con muchos botones, me vio, era el médico Renzos.
Renzos: ¡Uri! Menos mal que llegaste, necesito que cheques los historiales de las pulsaciones del paciente en los últimos meses…
Me confundió con otro, lo aproveché y asintí con la cabeza…
Yo: ¿Cómo va eso?
Hable tímidamente… Renzos me miró, pero como todo estaba demasiado oscuro, contestó.
Renzos: Bien, tuvo un pequeño olvido, pero ya volvió, presiento que en cualquier minuto va a darnos lo que necesitamos, y cuando ocurra… Pozos va a estar orgulloso de todo su equipo… Y por fin voy a poder ir a dormir una buena siesta a casa…
Renzos tomó una carpeta verde, y me la arrojó.
Renzos: Fíjate las P.P.M de los ultimos meses por favor… No quiero que le agarre un ataque cardíaco, o algo raro… Ya sabes, es algo nuevo, y no sabemos hasta donde repercute la memoria de un sujeto aún.
Yo: Claro…
Renzos: Dime desde Marzo…
Comencé a decírselos, uno por uno, y él solo asentía, y asentía… Delante de el había una pantalla, a oscuras… Cuando terminé de leerle todos, dijo.
Renzos: Bien, no hay nada de que temer…
Yo: ¿Cómo…? ¿Cómo puedes ver..?
Renzos: ¿Verlo? (Río) ¿Lo quieres ver? Bueno, Pozos no nos deja que prendamos mucho la luz, porque puede incidir En su mente, pero… (Pensó) Qué mas dá…
En ese instante tocó un botón, y se prendieron luces incandescentes al frente mío… Se veía una sala blanca, y una camilla… Con un muchacho en ella, con las manos y pies atadas, totalmente desnudo, varias heridas en su cuerpo, y su cara estaba irreconocible por las heridas. No tenía sangrado. Estaba pelado, y miles de cables se conectaban con su cabeza, otros con distintas partes de su cuerpo. Me tapé la boca, pero Renzos no lo notó…
Renzos: ¿Increíble verdad? Estuvimos mucho tiempo poniendo eso… Tuviste suerte de entrar a la mitad del experimento…
Voz desconocida: ¡No puedes llamar a la policía!
Mamá: Oh, si, sí que puedo. Y lo sé, me dolerá por el resto de mi vida, pero lo tengo que hacer…
Papá: No lo hagas… Debes calmarte…
Mamá: ¡No! ¡No permitiré que sigas con esto! ¡No permitiré que sigas siendo un asesino! ¡Ya no quiero encubrirte!
Volví a ver, distorsionadas, las mímicas por el fuego de mi madre, y aquella persona. Gritos, forcejeos, y un golpe seco. La sombra de aquella voz se quedó inmóvil… La sombra de mi madre se desvaneció… Pronto vi como mi padre se agachaba… y Decía…
Papá: La mataste… Está… Está Muerta…
Mientras estallaba en llanto y la abrazaba, o eso creía. Sentí una furia interior al verlo hacer eso, que entré en la sala inmediatamente, y me vi, parado detrás de mi padre, con el teléfono en mi mano y mi madre ensangrentada en el suelo, al golpearse la nuca con la mesa… Un dolor demasiado intenso atacó mi mente, y aparecí en la larga sala de pasillos con puertas blancas, numeradas y con frases… La desesperación me inundaba, ¿Qué había sido eso? ¿Yo? No, yo no había matado a mi madre, no podía ser… No… Traté de abrir todas las puertas, pero ninguna cedía. Llegué a la Cero de nuevo… No podía ser… Siempre avancé para delante… ¿La misma puerta dos veces? Tenía la cerradura, la trate de abrir, pero no pude.
El: Debes salir de aquí, de inmediato. No es bueno para ti…
Yo: Que… Que hago… ¡Que hago!
El: Huye, Huye, entra, entra.
La desesperación era tan intensa que me bloqueaba la mente.
Yo: ¿Adónde?
El: Sólo corre, corre sin parar… Hazlo si quieres salir de aquí, que no te alcancé…
Yo: ¿Qué no me alcance?
Pero mi pregunta fue contestada, en ese momento se escuchó un gran estruendo proveniente del fondo del pasillo, y comencé a ver algo que me lleno de pánico, veía fuego, agua, polvo, tierra, escombros, de todo. Puertas que volaban, explotaban, se desintegraban. Personas que corrían hacía mi, Mi madre, mi padre, Gabriel mi primo, mis tíos, mis mejores amigos, Santiago, Ramira, Fabricio, Fab, El cocinero de mi colegio, mi profesora de cuarto grado, mi profesor de la facultad, el bibliotecario de la biblioteca municipal, todos, absolutamente todos corrían hacía mí, en su cara se veía el terror, miedo, huían del fuego, el polvo, las explosiones. Corrían hacia mí con una velocidad que me aterrorizaba, pero pronto fueron desapareciendo por el fuego, o por los escombros que los mataba, y en ese momento sentí que era el momento justo para correr, luego de gritar fuertemente “¡No!”, me vi obligado a correr, cuando se acercaba todo cada vez mas. Corrí, y corrí, las puertas comenzaron a explotar a mi lado, el polvo comenzaba a empapar toda mi ropa, y apenas me dejaba ver. Por mi cabeza, cada vez que una puerta explotaba aparecían recuerdos que no sabían que existían, Mario que me abrazaba y me decía que todo iba a salir bien, Mi madre corriendo por una calle a oscuras, gritos, y llantos, Mis manos ensangrentadas y un cuerpo desconocido en el suelo, un antiguo viaje con Mario a la costa, ambos abrazados en la escollera mirando las olas romper, luego de eso sabía que nada sería igual y que la muerte llegaría hasta mí. ¿Me estaba muriendo? Pronto ví otro recuerdo, mi padre enfurecido conmigo, y dandome una bofetada, luego Mario entrando y deteniéndolo, que yo no tenía la culpa de lo que había sucedido… Pero no hablaban de mi madre, porque ella estaba sentada en el sillón llorando… Los pensamientos se mezclaron… Mario diciéndome que nos vayamos lejos, que seríamos felices en otro lugar… Luego una torta de cumpleaños, otro recuerdo yo saltando con mi pequeño sobrino Lucas por la nieve, era una linda noche, que se vio empapada por un chapuzón en una gran pileta en un soleado día de verano, sólo yo y Mario… No sentía mas fuerzas, y sentía que mi cabeza explotaba, me tropecé y en ese momento dije que era el final…
