No se que es una buena historia, ni como escribirla, ni donde o cuando tendría que transcurrir. Ni siquiera se me ocurren los personajes o las circunstancias. Podría ser un pueblo, alejado de la movilizada ciudad céntrica, o podría ser en un aeropuerto o en una sala de espera.
Podría ser a plena luz del día, o en la oscuridad de la débil luz de la luna. Podría ser una hermosa mujer, un apuesto hombre o un ingenuo niño. Podría ser un juego indefenso o un plan macabro. Podría ser tan real como el cielo, o simplemente un sueño. Un final feliz al mejor estilo hollywood u olvidarme conscientemente de escribir un final por el temor a arruinar o decepcionar.
Son infinitas las posibilidades. Pero aun así, sin límites, soy incapaz de hacerlo. No se por que, podría ser miedo a dejar a mi imaginación volar, o a crear universos paralelos del que no pueda regresar, a crear personajes de los que me pueda enamorar, o circunstancias de las que no podría escapar, de transformar la realidad que me han puesto ante mis ojos… Para decepcionarme al ver que es lo que hay, y siempre habrá. De inventar villanos que me quieran condenar, o escribir un final que me deje sin respirar, o lisa y llanamente… escribir un cuento del que no me pueda despegar.
Si me tomase la vida entera con el único fin de probar todas las posibilidades de una buena historia, aun así, no la lograría.
He escuchado de un viejo sabio, que la mejor historia es la que nunca se escribió, aquella historia que narra millones de circunstancias, con millones de personajes tan opuestos entre si, y al mismo tiempo, unidos por un mismo objetivo: sobrevivir.
Me contó que se sitúa en un mundo paralelo, con los mismos ríos, las mismas montañas, el mismo aire, las mismas aves… Me contó que era una historia imposible de escribir, que no existía un escritor tan valiente que se atreviera a hacerlo. Me contó que muchos murieron en el intento.
Fue entonces ahí que pensé… Que entendí. “¿Cómo es que usted sabe todo esto?”. Aquel hombre tan sabio, sonrió, y con suavidad y paciencia me contestó.
“Por que yo soy protagonista de esa historia, Alejandro, y tu también lo eres, y este mundo ha sido sede de capítulos históricos y claves de esa historia, capítulos de amor, llenos de alegría, color y luces, capítulos de oscuridad, de silencio, de preguntas, de gritos apagados que se escuchan en las tumbas, de sonrisas personificadas, de lagrimas secas, de palabras vacías, de silencios llenos, de abrazos sinceros, de besos sin sueños, de risas jocosas, de llantos desesperados, de ojos confusos, de bocas clausuradas, de oídos que no hacen de oídos, de manos que no acarician, de brazos que no protegen, de bocas que injurian, de almas impuras que matan, de espíritus blancos que sanan, de manos que torturan, de manos que ayudan, de palabras que alientan, de palabras calladas, de miradas que sonríen, de miradas que buscan gritar y desatar una tormenta, de miradas que ruegan perdón, de miradas que nunca se apagan buscando a esa estrella que no se alcanza, miradas que se despiden, miradas que se encuentran, miradas que se pierden, miradas que no se leen. Tiempos de angustia, tiempos de amor, tiempos de estrellas, tiempos de esperanza, tiempos de perdición, tiempos de perdón, tiempos de silencios, tiempos de callar, tiempos de gritar, tiempos de llorar, tiempos de golpear, tiempos de abrazar, tiempos de matar, tiempos de nacer y finalmente, tiempos de morir”
Quedé inmóvil, el lo entendió y prosiguió.
“Esa es la mejor historia que un hombre puede escribir, Alejandro, una historia llena de aventuras, de miedos, de coraje, de crueldad, de esperanzas, de creencias…”
Luego le pregunté sobre el final…
“El final lo escribes tu, y no tengas miedo, sueña Alejandro, sueña con ese mundo paralelo que tienes en tu cabeza, el único que lo puede hacer realidad eres tu”.
“Pero yo no puedo escribir esa historia papá… me tomaría toda la vida”
“No es necesario una hoja para escribir, no es necesario lectores para que sea famosa… Tu serás su lector principal, y la gente que te rodea, recién te encuentras en el principio de la historia, donde tienes mas miedos, mas confusiones, no sabes quien eres, pero te encontrarás, construye la historia con un buen final, con el mejor final que le puedes encontrar, sé feliz”.
Entonces entendí que la mejor historia estaba escrita, que todos somos escritores, y todos somos protagonistas.
El final lo estoy planeando, aunque falta bastante. Lo que si tengo por seguro, es que no escribiré la historia del pueblo, ni del aeropuerto, ni la sala de espera.
Ellas vendrán a mí.
Podría ser a plena luz del día, o en la oscuridad de la débil luz de la luna. Podría ser una hermosa mujer, un apuesto hombre o un ingenuo niño. Podría ser un juego indefenso o un plan macabro. Podría ser tan real como el cielo, o simplemente un sueño. Un final feliz al mejor estilo hollywood u olvidarme conscientemente de escribir un final por el temor a arruinar o decepcionar.Son infinitas las posibilidades. Pero aun así, sin límites, soy incapaz de hacerlo. No se por que, podría ser miedo a dejar a mi imaginación volar, o a crear universos paralelos del que no pueda regresar, a crear personajes de los que me pueda enamorar, o circunstancias de las que no podría escapar, de transformar la realidad que me han puesto ante mis ojos… Para decepcionarme al ver que es lo que hay, y siempre habrá. De inventar villanos que me quieran condenar, o escribir un final que me deje sin respirar, o lisa y llanamente… escribir un cuento del que no me pueda despegar.
Si me tomase la vida entera con el único fin de probar todas las posibilidades de una buena historia, aun así, no la lograría.
He escuchado de un viejo sabio, que la mejor historia es la que nunca se escribió, aquella historia que narra millones de circunstancias, con millones de personajes tan opuestos entre si, y al mismo tiempo, unidos por un mismo objetivo: sobrevivir.
Me contó que se sitúa en un mundo paralelo, con los mismos ríos, las mismas montañas, el mismo aire, las mismas aves… Me contó que era una historia imposible de escribir, que no existía un escritor tan valiente que se atreviera a hacerlo. Me contó que muchos murieron en el intento.
Fue entonces ahí que pensé… Que entendí. “¿Cómo es que usted sabe todo esto?”. Aquel hombre tan sabio, sonrió, y con suavidad y paciencia me contestó.
“Por que yo soy protagonista de esa historia, Alejandro, y tu también lo eres, y este mundo ha sido sede de capítulos históricos y claves de esa historia, capítulos de amor, llenos de alegría, color y luces, capítulos de oscuridad, de silencio, de preguntas, de gritos apagados que se escuchan en las tumbas, de sonrisas personificadas, de lagrimas secas, de palabras vacías, de silencios llenos, de abrazos sinceros, de besos sin sueños, de risas jocosas, de llantos desesperados, de ojos confusos, de bocas clausuradas, de oídos que no hacen de oídos, de manos que no acarician, de brazos que no protegen, de bocas que injurian, de almas impuras que matan, de espíritus blancos que sanan, de manos que torturan, de manos que ayudan, de palabras que alientan, de palabras calladas, de miradas que sonríen, de miradas que buscan gritar y desatar una tormenta, de miradas que ruegan perdón, de miradas que nunca se apagan buscando a esa estrella que no se alcanza, miradas que se despiden, miradas que se encuentran, miradas que se pierden, miradas que no se leen. Tiempos de angustia, tiempos de amor, tiempos de estrellas, tiempos de esperanza, tiempos de perdición, tiempos de perdón, tiempos de silencios, tiempos de callar, tiempos de gritar, tiempos de llorar, tiempos de golpear, tiempos de abrazar, tiempos de matar, tiempos de nacer y finalmente, tiempos de morir”
Quedé inmóvil, el lo entendió y prosiguió.
“Esa es la mejor historia que un hombre puede escribir, Alejandro, una historia llena de aventuras, de miedos, de coraje, de crueldad, de esperanzas, de creencias…”
Luego le pregunté sobre el final…
“El final lo escribes tu, y no tengas miedo, sueña Alejandro, sueña con ese mundo paralelo que tienes en tu cabeza, el único que lo puede hacer realidad eres tu”.
“Pero yo no puedo escribir esa historia papá… me tomaría toda la vida”
“No es necesario una hoja para escribir, no es necesario lectores para que sea famosa… Tu serás su lector principal, y la gente que te rodea, recién te encuentras en el principio de la historia, donde tienes mas miedos, mas confusiones, no sabes quien eres, pero te encontrarás, construye la historia con un buen final, con el mejor final que le puedes encontrar, sé feliz”.
Entonces entendí que la mejor historia estaba escrita, que todos somos escritores, y todos somos protagonistas.
El final lo estoy planeando, aunque falta bastante. Lo que si tengo por seguro, es que no escribiré la historia del pueblo, ni del aeropuerto, ni la sala de espera.
Ellas vendrán a mí.
