Nimber

Había amanecido. Hacía mucho que no veía un amanecer. Estábamos abrazados. Ella mantenía sus ojos cerrados, pero yo sabía que estaba despierta. Sólo que le gusta cerrar los ojos y sentir esa brisa veraniega estremecerle el cuerpo, y abrazarse a mi fuertemente. Le di un beso suave en la frente, y su boca sonrió levemente. Abrió sus verdes ojos y me miró.
-Fue el mejor día de mi vida- Dijo y acto seguido volvió a cerrar sus ojos, aún sonriendo. Yo no sonreía. Volví a darle un beso, y la abracé más fuerte… No quería que ese amanecer termine. Podría haber vivido todo el resto de mi vida abrazado a ella.
Ya había pasado un año desde aquel día. Sabía que la había hecho feliz. Ahora estoy aquí solo. En el mismo árbol donde nos habíamos recostado a ver aquel amanecer. La misma hora. El mismo día. La misma brisa. Pero ella no me esta abrazando. Ella ya no cierra sus ojos para disfrutar la brisa. Ella ya no dice que fue el mejor día de su vida. Ella ya no está conmigo. El parque no luce tan hermoso como cuando estaba con ella. El día no estaba tan agradable como en aquel entonces. Y el amanecer ahora era gris y apagado. Yo ya no me río con el sonido con el que solía hacerlo. Yo ya no sonrío como lo hacia con ella, aun sabiendo, que haberla hecho pasar el último día de su vida, feliz, y contenta, me llenaba de satisfacción.

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