
Quiero volver. Ser el que solía ser. Volver a mis antiguas preocupaciones, volver a mi casa, al lugar donde yo llamaba “mi casa”. Pero se que no es posible, por lo menos no por ahora.
El sol ya se escondió y la luna por fin apareció, acompañada por pequeñas pero titilantes estrellas. Quizás sabia que terminaría así con un pequeño bolso, a un lado de la ruta, entre el silencio del campo y de los pocos autos que a toda velocidad pasan por unos centímetros míos… Sin importarle, pero no podía quedarme allí.
Aun hay un poco de luz… Pienso que pasará cuando sea totalmente oscuro… Quizás logre conciliar el sueño e irme de ahí… o de una vez por todas olvidarte.
Abro el bolso en el momento que un automóvil levanta tierra a mis ojos, me cegó… Quizás todo este tiempo he tenido tierra en los ojos y me han permitido quererte, gracias a esa tierra que no podía verte completamente, ver lo que realmente eras, estaba ciego.
Saco un pequeño retrato, posas tú. Tan bella como siempre, con una sonrisa enorme y con tu dentadura blanca como la nieve al descubierto, tus ojos color miel brillando con la cámara, sonriendo, pareciendo tan feliz. ¿Quién podría decir que eras capaz de hacerme eso? ¿Quién diría que sufriría tanto?
Yo, que te he dado todo… absolutamente todo de mí, que he soñado tanto con formar una familia contigo, un futuro junto a ti, ¿Por qué me debías pagar de esta manera?
Quiero volver a casa, ¿Pero cual ha sido mi casa? Simplemente cuando estaba contigo, sentía que volaba, que estaba realmente en mi casa, en tranquilidad, en amor, me sentía a gusto y nada podría hacerme enojar, ni tampoco bajar los ánimos, Simplemente por que estaba junto a ti, y eso era lo único que deseaba.
Era, si… Por que realmente ya no se que es lo que deseo, si deseo tenerte cerca… Te veo con resentimientos, si te tengo lejos te extraño terriblemente. Te amo y te odio al mismo tiempo, me encantaría decirte que empecemos todo una vez más, desde cero, pero por otro lado me gustaría realmente olvidarme de ti.
Te ame o te odie, te necesito y no lo puedo negar. Me haces vivir, haces que mi corazón lata, sea de odio o de amor, late gracias a vos. Me conquistaste y tu herida no puedo cerrarla, he tratado de todas las maneras. Pero aunque tu imagen con el en nuestra cama no la puedo borrar… Cuando me miras llorando y suplicándome que no me valla me puedes.
Pero no pudiste la última vez, ya no… Ya no seré el mismo estupido durante estos años que tanto te ha tolerado y perdonado.
Por eso decido irme, irme para nunca volver, aunque esto me duela en lo más recóndito de mi corazón. Has sido la mujer de mi vida, y nunca amaré a nadie como tu… Pero no puedo seguir contigo…
Arrojo tu retrato a la ruta, sigues sonriendo, en un segundo, una camioneta pasa por encima… Estallas en vidrios, cierro los ojos. Exactamente debo hacer así… Olvidarte, por las buenas o por las malas.
Lo siento, pero no puedo perdonarte, ni a ti ni mucho menos a el. Me voy, si, me voy, se que no te importa, aunque llores.
Por fin la oscuridad ha llegado, me pongo de pie. Cojo mi bolso y con la poca penumbra que me deja distinguir entra la carretera y el campo comienzo a caminar, hacia ningún lado, hacia mi nueva casa, hacia la oscuridad de la noche, hacia un final interminable… Lo único que le pido a Dios, si es que existe, que no me haga tropezar una vez más.
Un automóvil se ha detenido a unos pocos metros de mí. No pretendo detenerme… Ni siquiera fijarme. Lo paso… Es una camioneta, bastante grande, el conductor, o la conductora… no ha descendido.
-¡LUCIANO!-
Me detengo en seco. No puede ser real, no puede ser que sea ella, escucho detrás mío y una mano que me da la vuelta desde mi hombro. Veo tu rostro, aun mas dulce en la penumbra de la noche. ¿Cómo sabias que estaba aquí? Es lo que menos importa, nos miramos, estoy cayendo, Dios, no lo permitas. No me mires con esos ojos color miel tan hermosos que dios te ha concedido como un arma letal… No derrames tus falsas lágrimas…
El sol ya se escondió y la luna por fin apareció, acompañada por pequeñas pero titilantes estrellas. Quizás sabia que terminaría así con un pequeño bolso, a un lado de la ruta, entre el silencio del campo y de los pocos autos que a toda velocidad pasan por unos centímetros míos… Sin importarle, pero no podía quedarme allí.
Aun hay un poco de luz… Pienso que pasará cuando sea totalmente oscuro… Quizás logre conciliar el sueño e irme de ahí… o de una vez por todas olvidarte.
Abro el bolso en el momento que un automóvil levanta tierra a mis ojos, me cegó… Quizás todo este tiempo he tenido tierra en los ojos y me han permitido quererte, gracias a esa tierra que no podía verte completamente, ver lo que realmente eras, estaba ciego.
Saco un pequeño retrato, posas tú. Tan bella como siempre, con una sonrisa enorme y con tu dentadura blanca como la nieve al descubierto, tus ojos color miel brillando con la cámara, sonriendo, pareciendo tan feliz. ¿Quién podría decir que eras capaz de hacerme eso? ¿Quién diría que sufriría tanto?
Yo, que te he dado todo… absolutamente todo de mí, que he soñado tanto con formar una familia contigo, un futuro junto a ti, ¿Por qué me debías pagar de esta manera?
Quiero volver a casa, ¿Pero cual ha sido mi casa? Simplemente cuando estaba contigo, sentía que volaba, que estaba realmente en mi casa, en tranquilidad, en amor, me sentía a gusto y nada podría hacerme enojar, ni tampoco bajar los ánimos, Simplemente por que estaba junto a ti, y eso era lo único que deseaba.
Era, si… Por que realmente ya no se que es lo que deseo, si deseo tenerte cerca… Te veo con resentimientos, si te tengo lejos te extraño terriblemente. Te amo y te odio al mismo tiempo, me encantaría decirte que empecemos todo una vez más, desde cero, pero por otro lado me gustaría realmente olvidarme de ti.
Te ame o te odie, te necesito y no lo puedo negar. Me haces vivir, haces que mi corazón lata, sea de odio o de amor, late gracias a vos. Me conquistaste y tu herida no puedo cerrarla, he tratado de todas las maneras. Pero aunque tu imagen con el en nuestra cama no la puedo borrar… Cuando me miras llorando y suplicándome que no me valla me puedes.
Pero no pudiste la última vez, ya no… Ya no seré el mismo estupido durante estos años que tanto te ha tolerado y perdonado.
Por eso decido irme, irme para nunca volver, aunque esto me duela en lo más recóndito de mi corazón. Has sido la mujer de mi vida, y nunca amaré a nadie como tu… Pero no puedo seguir contigo…
Arrojo tu retrato a la ruta, sigues sonriendo, en un segundo, una camioneta pasa por encima… Estallas en vidrios, cierro los ojos. Exactamente debo hacer así… Olvidarte, por las buenas o por las malas.
Lo siento, pero no puedo perdonarte, ni a ti ni mucho menos a el. Me voy, si, me voy, se que no te importa, aunque llores.
Por fin la oscuridad ha llegado, me pongo de pie. Cojo mi bolso y con la poca penumbra que me deja distinguir entra la carretera y el campo comienzo a caminar, hacia ningún lado, hacia mi nueva casa, hacia la oscuridad de la noche, hacia un final interminable… Lo único que le pido a Dios, si es que existe, que no me haga tropezar una vez más.
Un automóvil se ha detenido a unos pocos metros de mí. No pretendo detenerme… Ni siquiera fijarme. Lo paso… Es una camioneta, bastante grande, el conductor, o la conductora… no ha descendido.
-¡LUCIANO!-
Me detengo en seco. No puede ser real, no puede ser que sea ella, escucho detrás mío y una mano que me da la vuelta desde mi hombro. Veo tu rostro, aun mas dulce en la penumbra de la noche. ¿Cómo sabias que estaba aquí? Es lo que menos importa, nos miramos, estoy cayendo, Dios, no lo permitas. No me mires con esos ojos color miel tan hermosos que dios te ha concedido como un arma letal… No derrames tus falsas lágrimas…
Te acercas, me conoces, y sin más remedio, vuelvo a besarte.
