Y así de repente me dijeron que no estaba más donde estaba. Que ya no permanecía a ese lugar. Que debía ir un peldaño mas arriba. Algunos decían que era mejor. Otros todo lo contrario. Otros que sufriría un poco, pero que daría buenas consecuencias. Lo cierto era que tenía un deseo de temor en el interior. Y otro a ansiedad. Quería ver con que me encontraría.

Al final pasé. Entré. Todo parecía un poco similar. Las habitaciones eran más verdes. Los adultos eran un poco más profesionales, o más exigentes. Nosotros éramos los mismos. Me separaron de mi conjunto. Me llevaron a otro. Todos nuevos. Miraba alrededor y no encontraba muchas caras conocidas. El adulto hablo, hablo. Esto no es como el peldaño anterior. De alguna u otra manera, regresé a mi conjunto. No me habían recibido muy bien. Sufrí. A veces creo que si me hubiese quedado con el otro conjunto sería alguien diferente ahora. De hecho lo soy. Soy muy diferente a aquel muchacho. Y mi situación cambió con mi conjunto. Pero eso mucho después. Debo admitir que durante ese peldaño me sentí terriblemente angustiado. Costó salir. Me abrió otras puertas. Pero costó salir.
Sin más esperanzas. Pasé al próximo peldaño. Sin preocupaciones. Peor que el anterior no podría haber sido. Realmente creo que fue igual. O al menos durante ese peldaño. A fin del peldaño, faltando poco para pasar. Decidir cambiar mi vida. Cambiarme. Buscar unos repuestos y reparar las cosas que no funcionaban. Unos cambios en el aceite de la sociabilidad, un poco de carburación en la autoestima, un arranque en el bienestar. Creo que dio como resultado una vertiginosa carrera por sentirme bien. Y hacer sentir bien a los demás. Allí fue cuando cambió todo. Allí ya no fui el mismo. Me siento bien de haberlo decidido. Quizás un poco mal por no haberlo echo antes. A veces se me había pasado por la mente la idea de cambiarme de escalera. Ir a otra. Pero el problema no era la escalera. Era yo. Por suerte eso cambió y pasé al próximo peldaño. Más renovado.
El cambio recién comenzaba cuando entre en el nuevo peldaño. Fue el peldaño del cambio rotundo. Donde me dediqué íntegramente a eso, a cambiar. A mejorar yo mismo. A mejorar mis estancias en la escalera. La tendría que subir, me gustaba o no. Y quería al menos, disfrutarla y llevarme un buen recuerdo de ella. Un recuerdo feliz. Poder recordarla y que se me dibuje una sonrisa sincera. Una sonrisa de felicidad. No una felicidad de compasión, o lastima. O nostalgia. No. Una sonrisa de felicidad. Eso era lo único que buscaba. Tuve que aprender a sonreír. Aprender a reír. Aprender a hablar. Costó. Pero en cuánto lo logré, sentí una satisfacción en mi interior que es inexplicable. Como si volviese a nacer. Eso fue en cierto modo. Un renacer.
Y subí uno más. Esta vez. Con una sensación de felicidad. Con ganas de subirlo. Con muchas esperanzas de que aquel sería uno de los mejores. Sabía que me acercaba al final de la escalera. Algo desconocido. Un poco de miedo y cosquilleo empezaba a sentir, pero decidí preocuparme mas tarde. Ese fue el peldaño que mayor disfruté. Sin dejar de lado las disputas que un peldaño te trae a la vida. Fue el que disfrute. El peldaño que finalmente puedo recordarlo con una sonrisa de felicidad. El peldaño donde yo terminé de cambiar finalmente. Por un aspecto. El cambio de aceite, la carburación y el arranque habían funcionado a la perfección. Hoy en día me siento orgulloso de haberlo echo. Mis conocimientos en ese peldaño se elevaron bastante. Más allá de la escalera. Un interés en mi interior por los conocimientos comenzaba a florecer aún más que antes. Y allí fue cuando quién acompañaba en mi ascenso en la escalera se fue. Se fue para siempre. Me dejó. Fue cuando sentí que un soporte en mi vida se desplomaba y mi vida comenzaba a tambalearse. Ella estaba grande. Aún recuerdo la última vez que la vi. Una lágrima se escapaba de su sabio y antiguo rostro. Aún recuerdo el último abrazo. Fue cuando sentí que no podría seguir subiendo la escalera. Pero al mismo tiempo, sentí que debía hacerlo. Eso era lo que ella desearía. Eso la haría sonreír a ella también. Sonreír de felicidad. Sequé mis lágrimas y seguí subiendo. A ella también la recordaba con felicidad.
Subí al final de la escalera. Era el último peldaño. Luego venía el rellano. El final de una etapa. Caí muy tarde de que era el final de todo. De que ése sería el último peldaño de esa etapa. De que me separaría totalmente de mi conjunto y luego emprendería otra escalera, con otro conjunto, otras responsabilidades. Otra vida. Otro mundo. Otros conocimientos. Aún no sabía que otra escalera subir. Pero aun tenía todo ese peldaño para pensarlo. Ese peldaño sería diferente. Muy diferente a los demás. Ya nosotros éramos diferentes. No somos los de aquel viejo peldaño. Ya no sentíamos de la misma manera. Ya no pensábamos de la misma manera.
Sin más esperanzas. Pasé al próximo peldaño. Sin preocupaciones. Peor que el anterior no podría haber sido. Realmente creo que fue igual. O al menos durante ese peldaño. A fin del peldaño, faltando poco para pasar. Decidir cambiar mi vida. Cambiarme. Buscar unos repuestos y reparar las cosas que no funcionaban. Unos cambios en el aceite de la sociabilidad, un poco de carburación en la autoestima, un arranque en el bienestar. Creo que dio como resultado una vertiginosa carrera por sentirme bien. Y hacer sentir bien a los demás. Allí fue cuando cambió todo. Allí ya no fui el mismo. Me siento bien de haberlo decidido. Quizás un poco mal por no haberlo echo antes. A veces se me había pasado por la mente la idea de cambiarme de escalera. Ir a otra. Pero el problema no era la escalera. Era yo. Por suerte eso cambió y pasé al próximo peldaño. Más renovado.
El cambio recién comenzaba cuando entre en el nuevo peldaño. Fue el peldaño del cambio rotundo. Donde me dediqué íntegramente a eso, a cambiar. A mejorar yo mismo. A mejorar mis estancias en la escalera. La tendría que subir, me gustaba o no. Y quería al menos, disfrutarla y llevarme un buen recuerdo de ella. Un recuerdo feliz. Poder recordarla y que se me dibuje una sonrisa sincera. Una sonrisa de felicidad. No una felicidad de compasión, o lastima. O nostalgia. No. Una sonrisa de felicidad. Eso era lo único que buscaba. Tuve que aprender a sonreír. Aprender a reír. Aprender a hablar. Costó. Pero en cuánto lo logré, sentí una satisfacción en mi interior que es inexplicable. Como si volviese a nacer. Eso fue en cierto modo. Un renacer.
Y subí uno más. Esta vez. Con una sensación de felicidad. Con ganas de subirlo. Con muchas esperanzas de que aquel sería uno de los mejores. Sabía que me acercaba al final de la escalera. Algo desconocido. Un poco de miedo y cosquilleo empezaba a sentir, pero decidí preocuparme mas tarde. Ese fue el peldaño que mayor disfruté. Sin dejar de lado las disputas que un peldaño te trae a la vida. Fue el que disfrute. El peldaño que finalmente puedo recordarlo con una sonrisa de felicidad. El peldaño donde yo terminé de cambiar finalmente. Por un aspecto. El cambio de aceite, la carburación y el arranque habían funcionado a la perfección. Hoy en día me siento orgulloso de haberlo echo. Mis conocimientos en ese peldaño se elevaron bastante. Más allá de la escalera. Un interés en mi interior por los conocimientos comenzaba a florecer aún más que antes. Y allí fue cuando quién acompañaba en mi ascenso en la escalera se fue. Se fue para siempre. Me dejó. Fue cuando sentí que un soporte en mi vida se desplomaba y mi vida comenzaba a tambalearse. Ella estaba grande. Aún recuerdo la última vez que la vi. Una lágrima se escapaba de su sabio y antiguo rostro. Aún recuerdo el último abrazo. Fue cuando sentí que no podría seguir subiendo la escalera. Pero al mismo tiempo, sentí que debía hacerlo. Eso era lo que ella desearía. Eso la haría sonreír a ella también. Sonreír de felicidad. Sequé mis lágrimas y seguí subiendo. A ella también la recordaba con felicidad.
Subí al final de la escalera. Era el último peldaño. Luego venía el rellano. El final de una etapa. Caí muy tarde de que era el final de todo. De que ése sería el último peldaño de esa etapa. De que me separaría totalmente de mi conjunto y luego emprendería otra escalera, con otro conjunto, otras responsabilidades. Otra vida. Otro mundo. Otros conocimientos. Aún no sabía que otra escalera subir. Pero aun tenía todo ese peldaño para pensarlo. Ese peldaño sería diferente. Muy diferente a los demás. Ya nosotros éramos diferentes. No somos los de aquel viejo peldaño. Ya no sentíamos de la misma manera. Ya no pensábamos de la misma manera.
